El Bautismo de Jesús


Jesús comienza su vida pública después de hacerse bautizar en el Río Jordán por San Juan Bautista (cf. Mat 3, 13). Abandonó Nazaret, hasta que llegó a Betania, del otro lado del Jordán, y fue a Juan para bautizarse. Él siendo puro, libre de todo pecado, quiso ser bautizado voluntariamente con un bautismo que era destinado a los pecadores para “cumplir toda justicia” (Mt 3, 15) y como gesto de solidaridad, de manera que siguiendo sus huellas hiciéramos nosotros lo mismo. Juan, sin embargo, se opuso a bautizar a Jesús diciendo: “¡Yo soy el que necesita que me bautices!” (Mt 3, 14); pero ante la continua insistencia de Jesús, Juan consintió y bautizó a Jesús en el Río Jordán. Este gesto de Jesús en el Jordán es una manifestación de su anonadamiento.

El Espíritu que se cernía sobre las aguas en la primera creación, desciende sobre Jesús, como preludio de una nueva creación, los cielos se abrieron y se vio el Espíritu en forma de paloma que descendía sobre Jesús y allí mismo en el Jordán el Padre manifiesta que Jesús es su “Hijo Amado” (Mt 3, 16-17). De manera que en el Jordán Jesús inmerso en el agua nos señaló el camino espiritual inicial. Ya desde este momento con la persona del Hijo de Dios, el Jordán no es un río cualquiera ya que adquieren el carácter de agua sagrada, anticipando así el agua de nuestro bautismo que es pura y llena del Espíritu que revive y da nueva vida a las almas de las personas en cada lugar y momento.

Rio de la caja reparto papa

Adquiere auténtica agua del Río Jordán

Lugar del bautismo de Jesús, a orillas del Jordán. Foto: Wikipedia / Producer (CC BY-SA 3.0)
Lugar del bautismo de Jesús, a orillas del Jordán. Foto: Wikipedia / Producer (CC BY-SA 3.0)

Después desde Betania, del otro lado del Jordán, Jesús declaró las buenas nuevas de Dios, diciendo: “El tiempo es cumplido y el Reino de Dios está cerca! ¡Entonces, arrepiéntanse y crean las buenas nuevas de Dios!” (Mc 1,15).

Acudían a Juan de todas partes de Jerusalén, de Judea y toda la región alrededor del Jordán para recibir el bautismo de conversión, así se preparaba el camino del Mesías y el nuevo bautismo con agua y espíritu: “después de mi viene uno que bautiza con espíritu Santo y Fuego” (Mt 3, 11). Después del Bautismo Jesús empieza su vida pública, la gente lo recibió calurosamente y muchos acudieron a él desde las ciudades y pueblos de los alrededores. Le llevaban los enfermos, los curó y mucha gente creyó en Él.

Después Jesús se retira atravesando el Jordán al desierto, por encima de Jericó, cuarenta días a ayunar y hacer oración. Más tarde regresó a Jerusalén donde vivió su Pascua y los acontecimientos de su pasión, muerte y resurrección seguirían.

Historia


1. Antes de Jesús

Ya desde el Genesis el Jordán revestía una importancia especial para la historia de salvación: “Lot levantó los ojos y vio toda la vega del Jordán, toda ella de regadío, eran como el jardín de Yahveh, como Egipto, hasta llegar a Soar. Eligió, pues, Lot para sí toda la vega del Jordán, y se trasladó al oriente.” (Genesis 13, 10-11).

Queda claro que Dios ha otorgado a la tierra de Jordania una mirada salvífica y cargada de bendiciones especiales.

2. Moisés

En la etapa del éxodo hacía la tierra prometida, el rio Jordán mantiene su relevancia, tanto para orientar al pueblo a la tierra prometida, como para la conquista de nuevas tierras.

En las estepas del Moab, en la pradera del río Jordán, mientras los Israelitas acampaban, Dios ordena a Moisés un censo y entre Moisés y el sacerdote Eleazar calculan quienes están y como sería la distribución de la tierra prometida. (Cf. Números 26, 63). Se distribuyeron las tierras de una parte del Jordán, sin atravesar la otra parte del río: A Rubén el sur, a Gad el centro, a la mitad de Manases el norte del país de Basaán.

Los soldados esperaban atravesar el rio para conquistar la otra parte de la tierra en batalla; Moisés después de instruir a los soldados y darle la bendición a Josué, sube al Monte Nebo y desde la cima vio la tierra prometida: al Norte la corona blanca del Monte Hermón que se cubre de nieve casi todo el año, abajo ve el rio Jordán que desemboca en el mar muerto; a través del río se veía Jericó, veía el Hebrón, Jerusalén, Belén y otras montañas y aguas brillantes por todas partes. (Cf. Deut 32, 48-50; Deut 34, 1-5).

3. Josué

Después de que Moisés falleció, Josué, el hijo de Nun, cruzó con los israelitas a la Tierra Prometida. Y acamparon a la orilla del río Jordán donde veían las bendiciones de Dios y el cumplimiento de las promesas. “Josué se levantó de mañana, partieron de Sittim y llegaron hasta el Jordán, él y todos los israelitas. Allí pernoctaron antes de pasar.” (Josue 3, 1, ss).

En esta misma historia sagrada se muestra como el Arca de la Alianza con su sombra realiza un signo de salvación para el pueblo en el Jordán y los Israelitas cruzaron este Río en tierra seca dándole así un significado salvífico y liberador:

“Cuando el pueblo partió de sus tiendas para pasar el Jordán, los sacerdotes llevaban el arca de la alianza a la cabeza del pueblo. Y en cuanto los que llevaban el arca llegaron al Jordán, y los pies de los sacerdotes que llevaban el arca tocaron la orilla de las aguas, y el Jordán baja crecido hasta los bordes todo el tiempo de la siega, las aguas que bajaban de arriba se detuvieron y formaron un solo bloque a gran distancia, en Adam, la ciudad que está al lado de Sartán, mientras que las que bajaban hacia el mar de la Arabá, o mar de la Sal, se separaron por completo, y el pueblo pasó frente a Jericó. Los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza de Yahveh se estuvieron a pie firme, en seco, en medio del Jordán, mientras que todo Israel pasaba en seco, hasta que toda la gente acabó de pasar el Jordán.” (Cf, Josue 3, 14-17).

4. Elías y Eliseo

Pero poco después de su entrada a Tierra Santa, la gente se apartó de la adoración de Dios y comenzó a adorar a dioses extraños. Dios les envió muchos profetas para traerlos de vuelta a la verdadera creencia en su unidad y la observancia de sus mandamientos. Uno de los profetas más famosos fue Elías, quien vivió durante el tiempo del gobierno del rey Acab en Israel. Acab y su esposa oprimieron a Elías, y cuando Elías creció, Dios lo inspiró a irse y establecerse en lo que hoy es Jordania. Entonces se fue con su sucesor designado, Eliseo, quien continuó con su espíritu y mensaje. Cuando llegaron al Río Jordán, Elías lo golpeó con su capa y separó las aguas del río. Él y Eliseo cruzaron el río a tierra seca, y mientras hablaban juntos al otro lado del río, un carro de fuego llegó y llevó a Elías a los cielos. (2do Reyes: 2).

El norte del país puede jactarse de ser la tierra natal del profeta Elías, que antes de ser llevado al cielo cruza a pie seco junto a Eliseo el río Jordán: “ellos dos se detuvieron junto al Jordán. Tomó Elías su manto, lo enrolló y golpeó las aguas, que se dividieron de un lado y de otro, y pasaron ambos a pie enjuto.” (2 Rey 2,7-9); allí mismo en el Jordán se manifestó que el Espíritu de Dios acompañaba después de Elías a Eliseo (Cf. 2 Re 2, 13-15).

5. Juan el Bautista

Nuevamente, pasaron cientos de años y Juan el Bautista apareció en Betania (Bayt ‘Anya) al otro lado del Río Jordán (Juan 1:28 y Juan 10:40). Continuó el camino de fe y tomó el mensaje de Moisés, representante de la Santa Ley, y de Elías, representante de los profetas del Antiguo Testamento (Lucas 1:17). Juan fue el último profeta a la manera de los profetas del Antiguo Testamento y el primer profeta del Nuevo Testamento. Llamó a la gente a arrepentirse en preparación para la llegada de Cristo, el Redentor, y comenzó a bautizar en el Río Jordán y las fuentes circundantes. El bautismo que administró fue un símbolo de arrepentimiento y creencia en Dios. Huyendo de las autoridades debido a sus sermones, se dirigió del otro lado del Jordán. La Biblia dice que la gente acudió en masa a Juan desde Jerusalén, Judea y las regiones circundantes del Jordán para bautizarse. Jesús visitó a Juan aquí.

Entonces los judíos en Jerusalén enviaron a algunos de los escribas y fariseos para preguntar a Juan, y Juan les dijo: “No soy el Mesías, solo soy una voz que grita en el desierto y dice: “Enderecen el camino del Señor’, como anunció el profeta Isaías.” (Juan 1:23-24).

EL REDESCUBRIMIENTO


¿Cómo se perdió?

El Sitio del Bautismo fue una importante Estación de Peregrinación desde los días de Juan el Bautista. Incluso después de su muerte, muchos de sus alumnos se quedaron en el área que fue el lugar de nacimiento del cristianismo. Se construyeron iglesias cerca del sitio, los monjes vivían en cuevas y los peregrinos visitaron el sitio.

Esta tradición continuó hasta alrededor del siglo XIV. Con el poder de los cruzados vencidos y el debilitamiento bizantino, el sitio fue descuidado y el área regresó bajo el control de las tribus locales. Al este del Jordán ya no era un lugar seguro para irse, y sin garantía de seguridad, la peregrinación al sitio se hizo cada vez menos frecuente, y luego prácticamente se detuvo.

El descubrimiento del mapa Madaba

Un erudito de Jerusalén descubrió el Mapa de Madaba [en Madaba actual Jordania], en 1897. Este mapa era un mosaico del siglo VI que representaba un mapa del Medio Oriente en el siglo VI. El descubrimiento y el posterior análisis del mapa llevaron a un renovado interés por la ubicación exacta del Sitio del Bautismo. Los peregrinos comenzaron a regresar al área al este del río Jordán con la esperanza de encontrar pistas sobre la ubicación del sitio.

El siglo XX y nuestros días

Un beduino local, Shaykh Salih Yacoub, recuerda a los peregrinos cristianos que visitaron el área en la década de 1920 (mientras el área estaba bajo el dominio otomano) y la construcción de una iglesia.

La Primera Guerra Mundial, la caída del Imperio Otomano, la Segunda Guerra Mundial y luego el Conflicto palestino-israelí con las guerras en 1948, 1967 y 1973 hicieron del Sitio del Bautismo un área prohibida durante la mayor parte del siglo.

En nuestro tiempo miles de peregrinos de todo el mundo acuden a sus aguas movidos por la fe y con el deseo de tener una alta experiencia espiritual: unos reciben el sacramento del bautismo, otros renuevan sus votos y muchos otros se acercan con el anhelo de recibir sus atributos purificadores, sanadores y liberadores.

El siglo XX y nuestros días (continuación)

El siglo XX y nuestros días (continuación)

Tenemos también testimonios curativos en la biblia en las aguas de este río, cuando el Profeta Eliseo manda a bañarse para ser curado de la lepra a Nahaman: “Ve a bañarte siete veces en el Jordán y tu carne quedará sana y purificada” (Cf 2 Re 5, 1-14).

En síntesis, el Jordán es un río sagrado para las religiones Abrahámicas: judíos, musulmanes y cristianos, pues su sacralidad viene dada no solo por sus citas en los textos sagrados, sino también porque representa la etapa última para conquistar la tierra prometida, fue visto de una manera tan milagrosa como el mismo cruce del mar rojo, en los últimos tiempos Jesús fue allí bautizado y después de Él los primeros cristianos hasta nuestros tiempos.

Por muchos años fue utilizado como medio fronterizo militarizado en la frontera de Jordania, sin embargo, vuelve a ser posible su visita por los diálogos de paz y un tratado firmado que permite la visita de peregrinos, arqueólogos, fotógrafos y turistas.